Tras los recortes

Por: Hugo Rangel Vargas

La propuesta de Presupuesto de Egresos que ha presentado el Titular del Ejecutivo Federal se enmarca en un contexto económico y financiero lleno de dificultades derivadas de la tendencial depreciación del tipo de cambio que ha ocurrido en el presente sexenio así como del elevado nivel de endeudamiento que también se ha acentuado en la actual administración.

A estas condiciones habrá que agregar la tradicional revisión a la baja de las expectativas de crecimiento económico que ya se ha hecho recurrente en el gobierno de Enrique Peña Nieto. Y es que los Criterios Generales de Política Económica –elemento articulador de la propuesta de presupuesto- contempla un crecimiento de la economía de entre 2.0 y 3.0 por ciento, estimación que parece en exceso optimista si se considera que apenas hace unos días el FMI recortó esta expectativa de 2.6 a 2.3 por ciento.

Este magro desempeño de la economía tiene como elemento explicativo la reducción de la inversión. Así, la Formación Bruta de Capital en el país ha tenido un crecimiento marginal en los últimos años y apenas en julio de 2016 ésta se redujo en 3.16 por ciento, sin que se perciba una actitud proactiva de parte del gobierno de la república para estimular esta variable.

De esta forma, el paquete económico 2017 contempla reducciones importantes a rubros que podrían causar un efecto multiplicador y detonar el crecimiento económico de algunos sectores de la economía.

En un estudio recientemente dado a conocer por el Instituto Belisario Domínguez se señala que “el presupuesto destinado a los programas y proyectos de inversión (PPIs) presenta un descenso del orden del 29.7 por ciento respecto de 2016. Con ello, se afecta la disponibilidad de recursos para el desarrollo de PPIs en 25 entidades de la república.”

Otro ejemplo de ello es que la inversión carretera pasará de casi 22 mil millones en 2016 a poco mas de 12 mil millones en 2017 y los recursos destinados a la conservación de estas vías de comunicación se reducirán de 15 mil millones en 2016 a casi 8 mil millones según lo presupuestado para el año próximo.

Lo cierto es que las reducciones presupuestales apuntan a agravar la condición de estancamiento de la economía y que los márgenes de acción tan estrechos del estado mexicano no dan mucho de donde echar mano para ajustar el presupuesto a la baja y poder empezar a equilibrar las finanzas públicas.

En este entorno, una política expansiva del gasto público para estimular el crecimiento de la economía resultaría inviable; y es que bien podría decirse que se lapidaron los recursos provenientes del elevado endeudamiento que hoy padece el país, mismos que no provocaron inversión pública y sí mantienen restringida la capacidad de maniobra de la política económica.

El círculo vicioso en el que se encuentra el país parece no tener salida: la limitada tasa de crecimiento económico podría impactar negativamente las posibilidades presupuestales del gobierno federal, si se considera que, según los Criterios Generales de Política Económica, una variación de medio punto porcentual del PIB tendrá un impacto de 13,366 millones de pesos en los ingresos tributarios; y por otro lado, el estrecho margen de acción presupuestal del gobierno, reduce sus instrumentos de promoción de la economía tales como la inversión pública.

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