El “escrupuloso” seguimiento a AMLO

Por: Hugo Rangel Vargas

 

Desde el año 2005, durante el proceso de desafuero, plagado de vicios jurídicos y de tropelías, además justo en medio de la coyuntura electoral en la que se asomaba de manera contundente la alternancia en el poder hacia la izquierda; Andrés Manuel López Obrador ha sido objeto de una meticulosa inspección por parte de los medios de comunicación y del círculo de intelectuales afines a la casta gobernante.

Los últimos 10 años de su trayectoria política, han significado para el tabasqueño la exposición a una serie de cuestionamientos a los que pocos integrantes de la clase política se han enfrentado de manera sistemática.

Esto debería de ser lo tradicional y común en cualquier democracia vibrante en la que prive la competencia entre las diversas opciones políticas y en la que los ciudadanos tengan distribuida, más o menos equitativamente, cierta información sobre las instituciones y los actores de la vida pública. Sin embargo, por años, en el país han estado ausentes de la vida democrática estas condiciones.

Pese a la mejora costosísima para los contribuyentes de la regulación electoral, los grupos tradicionales de poder siguen siendo un factor desequilibrante de la competencia democrática. Estas distorsiones han facilitado el acceso al poder de gobernantes como Javier Duarte o Guillermo Padrés, mismos que después de ser paladines de valores en sus respectivos partidos, terminan siendo anatemizados.

Si la lupa exigente y el dedo firme con el que se señala hasta el mas mínimo detalle del actuar de López Obrador hubiesen sido utilizados al menos contra esos dos personajes; ni Veracruz ni Sonora habrían tenido que sufrir las consecuencias de sus nefastos gobiernos, o al menos este par de gobernadores hubieran tenido un dique a sus excesos. Pero no es así, el escrúpulo y la vara alta son usados discrecionalmente por los comentócratas oficialistas e impuesta como medida de castigo a los opositores políticos.

El Wall Street Journal fue desmedidamente rígido al reclamar el que Andrés Manuel López Obrador no incluyera propiedades que ya no forman parte de su patrimonio en su declaración “3 de 3” y ahora tendrá que enfrentar en los tribunales norteamericanos la demanda que el líder de MORENA ha interpuesto por daño moral.

Sin embargo, el debate sobre las menudencias derivadas de este desencuentro parece que seguirán dando de qué hablar y ya en algunos espacios de comunicación se buscan divergencias de fechas, montos y otras tantas nimiedades propias de quien esta recalcitrado en la denostación.

Entre tanto, se corre el riesgo de perder de vista el verdadero punto de diferencia entre la propuesta de López Obrador y la que encabezan otras opciones políticas. Pese a ello la libertad de quienes ponen el foco de la discusión en estas particularidades, debe ser tan apreciada como la de aquellos que contemplan el fondo de la crisis y las alternativas que se confrontarán en la coyuntura del 2018.

Y es que esta debe ser la verdadera aspiración de nuestra democracia, no la de la obsesión por leguleyas minucias, sino la inserción de la sociedad en una permanente discusión en la que, tal como lo diría John Stuart Mill, “la unidad de opinión no es de desear a menos que no resulte de la comparación libre y completa de las opiniones contrarias”.

Be the first to comment on "El “escrupuloso” seguimiento a AMLO"

Leave a comment

Your email address will not be published.


*