Gobierno de coalición

Por: Hugo Rangel Vargas

 

La contienda presidencial tiene hoy por hoy al más claro puntero en Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, la derecha ha comenzado a operar las redes de poder y los recursos a los que tiene acceso para colocar en el espectro de las posibilidades a Margarita Zavala de Calderón. En contra de las posibilidades de López Obrador, seguramente se sumará la entrega de dádivas, la cooptación de líderes de “izquierda”, la guerra sucia mediática, e incluso la intervención de los llamados poderes facticos. En síntesis, la elección aunque ya aventajada para el tabasqueño, no se antoja fácil.
En este entorno, desde la izquierda y ante la necesidad de concitar una mayoría abrumadora que aplaste la tentación del fraude electoral y permita construir un gobierno con márgenes de maniobra suficientes para generar cambios profundos en la vida pública del país, se ha lanzado la propuesta de reformar el marco jurídico, antes de marzo de 2017, para obligar a la conformación de un gobierno de coalición a partir del 2018.
La idea que ha comenzado a circular en un documento suscrito por el líder de la expresión perredista Alternativa Democrática Nacional, Héctor Bautista López, señala también la necesidad de convocar al aglutinamiento de un “Frente Amplio Democrático de centro izquierda” que presente un programa político de avanzada en el que se conjunten estratégicamente las demandas de diversas agrupaciones políticas y sociales.
El planteamiento de un gobierno de coalición catalizaría el proceso de definición al interior de las izquierdas, acordonando los planteamientos tendientes a la pulverización de las fuerzas progresistas así como los referentes a las alianzas con fuerzas de otro signo político; mismos que han sido  por diversos liderazgos al interior del PRD y fuera de la izquierda electoral, como el EZLN.
Esta aduana de la unidad de las izquierdas, aunque necesaria para poderlas hacer competitivas electoralmente, parece insuficiente debido a la cantidad de artilugios de los que echara mano la derecha en sus diversas versiones.
Sin embargo, los últimos resultados dan cuenta de un electorado que mantiene su nivel de preferencia hacia esta oferta política y frente a ello la necesidad de regular la composición de un gobierno integrado por una mayoría integrada por una diferente gama de expresiones e identidades, daría certeza a todos estos actores.
Y es que la intentona del Pacto por México, que pretendió ser colocada en la opinión pública como un programa de gobierno de composición por parte de las tres fuerzas políticas mayoritarias, ha dejado una estela de nefastas consecuencias para la población y para la izquierda, misma que fue reducida a una bisagra utilizada pragmáticamente desde Los Pinos para la consecución de la anhelada reforma energética.
A nivel de los estados, los gobiernos de coalición permitirían cerrar el paso a la discrecionalidad con la que los titulares de los ejecutivos otorgan nombramientos a los integrantes de sus gabinetes o hacen relevos en los mismos, sin explicar a la población las políticas públicas que deberán conducir los recipiendarios de las designaciones al frente de cada dependencia, ni los objetivos que se pretenden alcanzar; además de que se desconocen los compromisos políticos detrás de los cuales descansan dichas nominaciones.
Normar los gobiernos de coalición resultaría pertinente, no sólo porque decantaría la flexibilidad pragmática con la que se conducen algunas de las fuerzas al interior de la izquierda, sino porque contribuiría a presentar a la población gobiernos ceñidos a políticas públicas pactadas con antelación y sin sorpresas en las designaciones de los responsables de conducirlas.

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