OTRAS INQUISICIONES: PRI: La carga del pasado

Pablo Cabañas Díaz

De cara a la plenaria del 12 de agosto, donde más de 400 mil priistas sostendrán en el país reuniones en municipios y estados para decantar el rumbo del tricolor, hoy, la expectativa es si cambian el logo del partido y, sobre todo, qué candados quitan o ponen a los aspirantes presidenciales. En este evento se verá la efectividad real del presidencialismo mexicano para frenar a quienes creen tener los suficientes atributos para ser candidatos presidenciales.

 

En su momento, las divisiones, lejos de debilitar al partido sirvieron como ejemplo para demostrar la fuerza de éste y hacer saber que quienes no se disciplinaran, que simplemente quedarían  marginados de la vida política del país ya que en el siglo pasado los partidos de oposición solo eran organizaciones testimoniales del poder político del partido oficial

 

En el viejo PRI la disciplina se fue asumiendo de manera natural debido en gran medida a la escasa cultura política y a la fuerza de los gobiernos priistas. La política de masas que llevó a cabo el partido oficial a través de la incorporación de los sindicatos, obligó a organizar el ascenso político de una manera vertical provocando que la toma de decisiones fuera un espacio poco visible, convirtiéndose en una especie de oráculo que no rendía cuentas de sus decisiones y en donde éstas debían ser asumidas con fe y resignación.

 

Ante la escasa o nula competencia partidista, el ascenso político solo consistía en tener paciencia y seguir demostrando lealtad; así la centralización en la selección de candidatos también reforzó la disciplina. México estaba empezando un proceso de industrialización y crecimiento económico que era más visible en sus grandes centros urbanos. En los años 50, 60 y 70 la mayoría de la población seguía viviendo en zonas rurales muy poco favorecidas por este crecimiento económico y en consecuencia también, con carencia de servicios.

 

Resultaba paradójico que por un lado se estuvieran abatiendo los altos niveles de analfabetismo, pero por otro, los niveles educativos fueran escandalosamente bajos, puesto que con excepción de la capital y alguna gran ciudad, en el interior del pais había oferta educativa profesional limitada. Las políticas paternalistas de asistencia  del PRI en el siglo XX estaban basadas más en acciones altruistas que en programas de crecimiento. El resultado fue una población acostumbrada a depender de los favores del Estado, que en este caso se vinculaban indistintamente con el partido que era el único con presencia nacional en todas las localidades del país. En resumen, hasta donde abarcaba el Estado, llegaba el partido. Solo los extremos ideológicos fueron reservados para la oposición, a la que, en consecuencia, se le desacreditó como radical, reaccionaria y antirrevolucionaria. El reclutamiento del partido no solo consistía en atraer individuos talentosos sino incluso en cooptar a aquellos líderes políticos de oposición independientemente de cualquier filiación política o ideológica que llegaran a representar una posible amenaza al sistema. Creer que este el país en el que vivimos en el 2017, es un error que tendrá importantes consecuencias en virtud de que la parte más urbana y con ingresos medios no votó por el PRI en la elección del estado de México. En la elección del Estado de México, Morena ganó 20 de los 45 distritos que integran el territorio mexiquense, incluidos los del denominado corredor azul, donde se encuentran los Municipios de Naucalpan, Tlalnepantla, Atizapán, Cuautitlán Izcalli y Coacalco. El  PAN conservó su único bastión mexiquense, que es el distrito de la zona de Satélite y Lomas Verdes. El PRI consiguió la victoria en 21 distritos electorales tales como Tejupilco, Valle de Bravo, Jilotepec, Atlacomulco, Huixquilucan y Acolman; el PRD mantuvo los tres distritos electorales que abarca el municipio de Nezahualcóyotl. Con este escenario el PRI sigue más en la lógica del pasado que en la del siglo XXI.

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