OTRAS INQUISICIONES: Tezcatlipoca y Quetzalcóatl,

Pablo Cabañas Díaz

Tezcatlipoca era una de las deidades más misteriosas del panteón azteca y gracias a su rico simbolismo, una de las figuras mitológicas predilectas de la literatura mexicana de los siglos XX y XXI. Según Bernardino de Sahagún, Tezcatlipoca “era tenido por verdadero dios e invisible, el cual andaba en todo lugar en el cielo, en la tierra, y en el infierno” y “cuando andaba en la tierra movía guerras, enemistades y discordias”. Además, el dios caprichoso “solo daba las prosperidades y riquezas, y […] él solo las quitaba cuando se le antojaba”.

 

La complejidad de Tezcatlipoca queda ilustrada por sus numerosos nombres: Tezcatlipoca, por ejemplo, significa “El espejo que humea” y se refiere al atributo más importante de este dios, un espejo de obsidiana capaz de revelar el destino humano fijado por los signos del calendario ritual tonalpouhalli; el nombre Youhalli Ehecatl, “El viento nocturno”, está estrechamente relacionado con la idea de destrucción y el origen de numerosas enfermedades; como Yaotl (“El enemigo”).

 

Tezcatlipoca poseía el don de la ubicuidad y de la metamorfosis: asumiendo varias formas, a menudo aterradoras, espantaba a los seres humanos y se burlaba de ellos, como si fueran juguetes en sus manos. El mago supremo, el príncipe de la oscuridad nocturna, un dios voluble y malévolo, tenía su doble en el jaguar, el animal relacionado con el agua, la noche y la tierra. Tezcatlipoca tenía también un lado positivo y poderes creativos. Según uno de los mitos, Tezcatlipoca y su hermano Quetzalcóatl participaron en la creación de la tierra, rompiendo en pedazos el cuerpo del monstruo Tlaltecuhtli que flotaba en las aguas primordiales.

 

Una parte del monstruo se convirtió en cielo, la otra mitad en tierra firme. De los restos de Tlaltecuhtli los hermanos divinos crearon árboles, plantas, ríos, pozos, valles y montañas. Según el mito de los cinco soles, Tezcatlipoca presidía sobre el primer sol (o edad) de la tierra, habitado por los gigantes. Aquel sol terminó a consecuencia de la batalla entre Tezcatlipoca y Quetzalcóatl, cuando el Espejo Humeante se convirtió en el jaguar. Sin embargo, la victoria de la Serpiente Emplumada no duró mucho: el sol 4- Ehécatl fue destruido por los huracanes causados por Tezcatlipoca .El motivo de la enemistad entre los dos hermanos divinos es uno de los más importantes temas en la mitología nahua. El regalo astuto de Tezcatlipoca era un espejo que reflejaba la imperfecta naturaleza de Quetzalcóatl, quien siendo un dios, creía que no tenía rostro. Era eterno. Ahora, al descubrir sus facciones humanas en el reflejo del cristal, temió tener, también, un destino humano.

 

Aunque, el enfrentamiento entre los dos hermanos divinos simboliza la dicotomía entre la vida y la muerte, el bien y el mal, entre la paz y la guerra, entre la sabiduría civilizadora y la magia, esta oposición difiere esencialmente de la cosmovisión en la tradición judeocristiana. En la mitología nahua, ni la derrota ni el triunfo de ninguno de los dos dioses pueden ser completas y definitivas. Ambos son indispensables para el mantenimiento del equilibrio al nivel cósmico, y se complementan mutuamente.

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