LA COSTUMBRE DEL PODER: De Díaz Serrano a Lozoya Austin

 Gregorio Ortega Molina

*El ingeniero Díaz Serrano, hombre de empresa, pero también conocedor de las exigencias del Estado para preservarlo, intuyó de inmediato lo que se esperaba de él, guardó silencio, dejó que lo despojaran de su colección de pintura mexicana, y fue a dar con sus huesos a la cárcel
Inmersos en el empecinado esfuerzo político y extralegal por restablecer el presidencialismo, lo primero olvidado por los gobernantes de hoy son los referentes históricos, como si el Génesis bíblico fuesen ellos.
El error es imperdonable, porque los lleva a considerar como paradigma de éxito el triunfo electoral obtenido en el Edomex. La diferencia territorial es enorme, la idiosincrasia de los electores es diversa, y el descontento de los priistas está presente: se sumarán al candidato que les impongan, pero a la hora de la verdad es posible que sufraguen en contra de su partido, pero a favor de sus intereses.
El deseo, quizá más necesidad, de preservar a Emilio Lozoya Austin fuera de la cárcel, pone en riesgo la viabilidad del restablecimiento del presidencialismo, cuyo origen en estos tiempos de neoliberalismo y globalidad que corren, lo hacen sospechoso. Abominan de la Revolución mexicana, pero necesitan como del aire de su modelo político, por cierto ajeno y distante a la reingeniería del proyecto económico. Globalización y modelo político son como el agua y el aceite.
Para sólo referirnos al caso petrolero, considero conveniente recordar que en la euforia de la renovación moral requirieron de ejemplos, y como José Andrés de Oteyza ya había intrigado lo suficiente contra del director de Pemex, y además era necesario proteger a la señora Alicia López Portillo, decidieron regresarlo de Moscú y desaforar al senador con licencia Díaz Serrano, para “encontrarlo” culpable de descalabro económico contra la empresa.
El ingeniero Díaz Serrano, hombre de negocios, pero también conocedor de las exigencias del Estado para preservarlo, intuyó de inmediato lo que se esperaba de él, guardó silencio, dejó que lo despojaran de su colección de pintura mexicana, y fue a dar con sus huesos a la cárcel.
En lo privado y por interpósita persona, José López Portillo agradeció el gesto de su amigo, ex dueño de Permargo, quien ya en otra ocasión lo había salvado, cuando descubrieron un desfalco en las Juntas de Mejoras Materiales, concretamente en la de Tijuana, y por ello fue puesto de patitas en la calle.
Jorge Díaz Serrano le sostuvo los ingresos a su amigo José López Portillo, éste creyó agradecérselo nombrándolo director de Pemex. Terminó por hundirlo.
Emilio Lozoya Austin contribuirá al descarrilamiento de los proyectos transexenales de Enrique Peña Nieto. De ese tamaño.

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