LA COSTUMBRE DEL PODER: Presidencialismo y gobernabilidad

 Gregorio Ortega Molina

*En 2012 apareció la propuesta de los gobiernos de coalición para garantizar gobernabilidad. En esa época era posible, los agravios no eran tan humillantes, la soberbia panista fue menor, aunque la corrupción, el encono y la confrontación, así como la impunidad, son equiparables, casi insuperables. Conducen al desencanto y a la calentura por cambiar las papeletas electorales por las armas

Si la pereza es la madre de todos los vicios, en política la soberbia engendra los fracasos, sobre todo en aquellos proyectos conceptuados e impulsados por la idea de la inmortalidad histórica.
En su texto de El Universal del miércoles 15 de noviembre, Ignacio Morales Lechuga se pregunta a él mismo y también a los lectores si los candidatos se atreverán; creo que el cuestionamiento debe ir más allá: ¿están organizados los electores, tendrán el deseo y la audacia de atreverse a impulsar con el sufragio la reforma del Estado, e iniciar las exequias del presidencialismo?
Frente el páramo de los nombres, porque ninguno aglutina la voluntad popular más allá de los tercios augurados, debemos exigir proyecto, programa, compromiso firmado ante los Poderes Judicial y Legislativo, para que esté presente el sentido de la obligación, por parte del Ejecutivo, de cumplir con el mandato constitucional e instrumentar los cambios mínimos requeridos para recuperar la idea de nación, la honra de la República y la viabilidad de México para alimentar a sus hijos, a todos, en lo moral, lo ético, lo cultural, lo humano, y saciarlos para que recuperen la alegría de vivir.
En 2012 apareció la propuesta de los gobiernos de coalición para garantizar gobernabilidad. En esa época era posible, los agravios no eran tan humillantes, la soberbia panista fue menor, aunque la corrupción, el encono y la confrontación, así como la impunidad, son equiparables, casi insuperables. Conducen al desencanto y a la calentura por cambiar las papeletas electorales por las armas.
¿Restablecer el presidencialismo después de tanto agravio, tanta violencia, tantos desaparecidos, secuestrados y sometidos a la trata? Las posibilidades de una restauración están lejos, lo que abre la puerta a un equivocado autoritarismo, a ese fascismo disfrazado de democracia.

¿Coalición para gobernar? La abusiva práctica política impuesta por la partidocracia cerró la puerta a esa posibilidad. ¿Haría el PRI cohabitación con Morena, que se perfila como segunda fuerza, o a la inversa? ¿Sería AMLO secretario de Gobernación de Meade, o éste encargado del despacho de Hacienda con López Obrador? ¿Permitirán los ministros de la SCJN que sus salarios adquieran un nivel digno y no insultante para la mayoría de la población? ¿Diputados y senadores darían la espalda a sus bonos de despedida que agravian? Con estas majaderías y humillaciones, ¿cuál coalición es posible?

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