Los frentes del Frente

Por: Vladimir Galeana Solórzano

Sin lugar a dudas conformar una gran alianza pudo ser un buen proyecto, el problema es que el agua y el aceite no se pueden unir por mucho que la voluntad de quienes encabezan a cada una de las fuerzas políticas caminen en ese sentido.

Se necesita mucho más que la decisión de los liderazgos, porque la esencia misma de cada uno de los militantes y quienes decidieron cupularmente unirse, es inversamente distinta en fines aspiracionales.

Cuando un simple ciudadano se une a un proyecto que enarbola un partido político, lo hace porque los principios contenidos en el ideario y el programa le convencen como postulados, y estos son la base fundamental con los que aspira a construir una sociedad menos desigual y más solidaria. Aunque también hay que señalar que en la mayor parte de las veces los ciudadanos deciden militar en un partido por conveniencia, porque en ese militaron sus familiares, o simplemente porque piensan que es el mejor camino para acabar con las desigualdades sociales.

El problema surge cuando la conveniencia política se coloca por encima de los principios y de la voluntad de la militancia, porque esas decisiones cupulares tradicionalmente parten de una premisa de conveniencia para las élites y no para la militancia. Así ocurrió cuando las dirigencias blanquiazul y amarilla decidieron unir esfuerzos para alcanzar el poder y conformaron el Frente Ciudadano por México, incluyendo al partido Movimiento Ciudadano que en la zona centro del país debe tener muy pocos militantes.

Hasta ahora se visualizan dos hombres con los tamaños para encabezar la candidatura presidencial. Uno de ellos es el dirigente blanquiazul, Ricardo Anaya, quien tiene aspiraciones que lo han llevado a disminuir la militancia porque antepuso el interés particular por encima del general, y por el otro lado el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, quien ha estado tratando de detener el avance del joven dirigente blanquiazul.

Pero habrá que decir que mientras Ricardo Anaya trata de contener su impopularidad, el señor Miguel Ángel Mancera intenta hacerse el hombre necesario para contender contra José Antonio Meade Kuribreña, candidato tricolor, y Andrés Manuel López Obrador, candidato del Movimiento de Regeneración Nacional. Pero también hay que decir que no es con un desplante de soberbia como el señor Mancera podrá alzarse con la candidatura del Frente, y tampoco asegurando que los tricolores no representan ningún cambio. Hasta ahora los tricolores son la única fuerza política organizada capaz de frenar el crecimiento del señor López Obrador, y las cúpulas han tenido que renunciar a imponer un candidato propio y someterse a la designación de un candidato externo.

Para colmo de males, la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ordenó a Alejandra Barrales dejar la dirigencia nacional del PRD. Bien dicen que la soberbia es la madre de todas las desgracias, y Barrales y Anaya tendrán que aprenderlo a golpe y porrazo. Al paso que vamos, la madre de todas las batallas se dará en dos grandes bandos: por un lado Andrés Manuel López Obrador y organizaciones que lo acompañan, y por el otro el Partido Revolucionario Institucional, y quienes se quieran sumar para ganarle al tabasqueño. Así de simple puede ser el 2018. Al tiempo.

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