LA COSTUMBRE DEL PODER: ¿Beltrones sí, Lozoya no?

 Gregorio Ortega Molina

*Durante el periodo electoral quien administra los fondos con destino político es exclusivamente el secretario de Fianzas del PRI, tiene contacto directo con el secretario de Hacienda y Crédito Público. En 2016 esa relación fue entre Luis Videgaray Caso y Luis Vega Aguilar, impuesto en ese cargo por EPN
La política de equilibrios dejó de oficiarse en México, cedió su ejercicio a los
grupos encaramados en los partidos. De igual manera, las pugnas ideológicas fueron sustituidas por la mercadotecnia; en cuanto al presidencialismo creado por Plutarco Elías Calles y reforzado por Lázaro Cárdenas del Río  -luego vaciado de su fuerza económica por los tecnócratas-, entregó la autoridad de la República a los poderes fácticos.
Los propietarios de ese retrógrado control político confundieron transición con alternancia -o eligieron la confusión-, se conformaron con el cambio de siglas, como si ello llevara implícita la reforma del Estado y, por ella misma, una nueva narrativa del poder. The New York Times dio cuenta de cómo creen ingeniárselas para lograrlo. El dispendio publicitario sin límites ni resultados.
Después de 12 años y hastiados de la simulación del PAN, decidieron sacar las castañas del fuego con la mano del gato, regresaron a Los Pinos a un grupo mexiquense que dista mucho de ser priista, pero disfrazaron sus colores y su emblema para gobernar como si fuera el regreso del pasado; pronto se percataron en ese ejercicio de que la única manera de dar brillo a un poder presidencial inexistente, es con la corrupción, para sustituir el corporativismo, la fuerza económica de los activos del Estado, y esa descalificada idea de nacionalismo y patria que hoy es identificada con el más feo de los populismos, cuando la más acabada expresión de esa actitud política son las reformas estructurales: nada más populista que la oferta de un futuro que nunca nos alcanzará.
Como al Grupo Atlacomulco lo único que le interesa de esta sucesión presidencial es una garantía de impunidad, no hacen asco a la previsible necesidad de dejar un reguero de sangre en su camino de salida. De allí su interés por abandonar en la cuneta a Manlio Fabio Beltrones, porque no es como ellos y es necesario soltar lastre, y además porque a pesar de haber sido acusado de todo, nunca le han probado el menor de los delitos.
Para quien sabe de cómo se controla la administración del PRI durante las campañas políticas, es sorprendente que se esfuercen por culpar a Beltrones Rivera de un desvío de fondos fiscales federales a ese partido, para gasto “ilegal” en la campaña para la gubernatura de Chihuahua.
En el transcurso del periodo electoral quien administra los fondos con destino político es exclusivamente el secretario de Finanzas del partido, y tiene contacto directo con el secretario de Hacienda y Crédito Público. En 2016 esa relación fue entre Luis Videgaray Caso y Luis Vega Aguilar, impuesto en ese cargo por EPN.
Lo que trasluce con esa actitud es el deseo de desaparecer a los priistas del escenario político, por el peligro ideológico que significan, y garantizarse impunidad, como la que proporcionan a Emilio Lozoya Austin. Será cruento el camino al poder durante el presente año.

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