Los puritanos de la barbarie

Por: Vladimir Galeana Solórzano

Pareciera que el interés de muchos grupos organizados ha sido la colocación de barreras al gobierno en turno buscando destruir sus principales cimientos con tal de alzarse con el poder, aunque con ello los mexicanos sigamos viviendo y soportando las atrocidades de los más sanguinarios criminales que ha dado la historia de la humanidad. El fin justifica los medios y los horrores que se cometen para destruir al adversario, aunque con ello se destruya también una parte de nosotros.

Pero eso importa poco cuando las cosas se realizan con la finalidad de acceder al poder. En los últimos meses se ha debatido la constitucionalidad de la Ley de Seguridad Interior y la violación de los derechos humanos por parte de los cuerpos de seguridad, el Ejército y la Marina Armada de México, y eso sigue manteniendo en la ineficiencia a quienes desde la esfera gubernamental requieren instrumentos legales acordes al tipo de delincuencia que ahora suplanta al gobierno en diferentes lugares.

El debate no ha sido acerca de dotar con mayores facultades a nuestros policías, soldados y marinos, sino los excesos que se pueden cometer al violar los derechos humanos de quienes nos roban, nos saquean, nos hurtan o nos asesinan. Esos puristas lo que en realidad están haciendo es proteger a los delincuentes y dejarnos a merced de ellos porque no podemos permitir que les violen sus derechos humanos, aunque a ellos se les entregue de forma tácita el derecho de violar los nuestros.

Durante la semana pasada circuló un video protagonizado por este tipo de delincuentes que tanto defienden los puritanos, y se observa a un padre que es asesinado frente a su hijo maniatado y amordazado con cinta plástica que evita pueda abrir la boca. Una vez muerto el padre, el hijo comienza a padecer uno de los horrores más dolorosos de los que puede provocar un ser que deja de ser humano para convertirse en bestia.

El menor comienza a ser desollado por un impío sujeto que se regocija de su labor de manejar hábilmente el cuchillo para desprenderle la piel y dejar los órganos vitales expuestos para causarle mayor dolor. Después comienza a extraerle las vísceras estomacales, los genitales, y termina con el sufrimiento cuando con la mano saca el corazón y lo desprende de un tajo. Esta es la barbarie de los delincuentes, esos que los puritanos buscan proteger con su cantaleta de no violentar sus derechos humanos.

¿Acaso los derechos humanos de las víctimas están por debajo de los derechos humanos de los victimarios? ¿Los derechos humanos de los victimarios son superiores a los derechos humanos de las víctimas? Ese no tiene que ser el debate, sino la dotación de elementos para combatir esa barbarie que nos tiene arrinconados y discutiendo estúpidamente mientras la criminalidad se apodera del país. Mientras los puristas sigan discutiendo observaremos impasibles los horrores que nos hacen los delincuentes porque no podemos violar sus derechos humanos. Ese es el grado de nuestra estupidez como sociedad actual. Al tiempo.

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