Costa Rica: El paraiso del cooperativismo

Hugo Rangel Vargas

Una exuberante vegetación, el sutil acompañamiento del canto de aves en las copas de los árboles, la aparición sorpresiva de monos titis y capuchinos, la humedad que se cuela por la respiración, un tierno beso sabor a fruta fresca y dulce, las manos juguetonas de la arena que se cuelan por toda la piel; son apenas algunos de los regalos que tiene el parque nacional Manuel Antonio, enclavado en el Pacífico costarricense.

Salir de San José no es difícil aunque la capital tica padece de la atrofia vehicular que deriva de su condición de ser el centro de negocios al que acuden a laborar hombres y mujeres de las provincias de Cartago, Heredia y Alajuela. La mañana josefina espera al madrugador con un viento fresco que le sopla la cara, mescolanza de aires alisios que provienen de las zonas montañosas que definen el valle entre él centenar de volcanes colindantes con el Caribe y los montes de bosques tropicales.

Con el 20 por ciento de su territorio destinado a reservas naturales, una actividad productiva generosa con la naturaleza, una amplia variedad de microclimas; Costa Rica es uno de los cinco países más competitivos en materia turística en América Latina según el Foro Económico Mundial y a donde el año pasado llegaron 3 millones de visitantes logrando triplicar esta cifra en apenas una década.

En medio de este auge del sector turístico tico ha florecido también el cooperativismo y el número de cooperativas ha crecido de 67, en la década de los sesenta, a 318 en el año 2000; y la población cooperativa representa más de un cuarto de la población económicamente activa del país. El papel de las cooperativas en el turismo del país centroamericano es fundamental dadas las debilidades del Estado para garantizar la integridad de los ecosistemas protegidos en los parques naturales y la necesidad de generar alternativas productivas en las áreas de amortiguamiento; así, la autogestión de las comunidades para el aprovechamiento de sus recursos en la creación de productos ha sido un factor de dinamismo de toda la actividad turística.

En 1994 se crea el Consorcio Cooperativo Red Ecoturística Nacional COOPRENA, con la participación de cinco cooperativas de trabajo asociado conocidas como cooperativas de autogestión: CoopeSilencio, CoopeMangle, CoopeSanJuan, CoopeUnioro, Ecopavones, CoopeOrtega, CoopePuntarenas, CoopeAsega, Fecoopa y la CPCA.

La próspera industria sin chimeneas de Costa Rica se inscribe en una ola de organización productiva que se ha fortalecido desde la década de los 90 en todo el mundo y que se gesta desde las comunidades con potencial turístico para generar una oferta alternativa en el medio rural. Se trata de una lógica  autogestionada desde los habitantes de un territorio, y que tiene como fundamento el aprovechamiento de fortalezas locales de carácter natural y cultural.

La Organización Mundial del Turismo ha reconocido que la llegada de visitantes no genera en automático desarrollo. Se requiere para ello de un entramado económico que evite la fuga de la derrama que generan las divisas de los turistas, esto es una red de proveduría de bienes y servicios hacia los turistas generados en buena medida por establecimientos anclados a la economía local.

La lección del cooperativismo tico a países como el nuestro, en el que los funcionarios del sector turístico se regodean con cifras exorbitantes de número de turistas, es digna de ser revisada a la luz de la experiencia del impacto del turismo sobre las economías y el desarrollo local en ambos países.

Mientras tanto, el embrujo de Escazu recorre todo el país centroamericano dejando por todos sus bosques tropicales, besos que rasgan como rayos de luz las copas de los árboles.

Twitter: @hrangel_v

Be the first to comment on "Costa Rica: El paraiso del cooperativismo"

Leave a comment

Your email address will not be published.


*