A 100 días.

Hugo Rangel Vargas

El pasado jueves 22 de marzo se ha cruzado el umbral de la barrera de los 100 días que nos separan del proceso electoral del 2018 y las encuestas más recientes arrojan como clarísimo puntero a Andrés Manuel López Obrador, así como a la triada de partidos que le están respaldando en lo que será su tercera campaña presidencial.

Sus más de 40 años de trayectoria política, los resultados que entregó al frente de la Ciudad de México, el elevado grado de exposición a la crítica de la cual ha salido bien librado, la madurez que ha alcanzado y que la proyecta en un temple más sereno y tolerante hacia sus detractores acérrimos, las alianzas que ha fraguado con personajes tan disímbolos y otrora opositores recalcitrantes y la limpieza de su trayectoria política que ha pasado por escándalos de corrupción sin mancharlo a él personalmente; son factores que contribuyen a colocarle en la cima de las preferencias electorales.

A sus fortalezas, se agregan las oportunidades excelentemente capitalizadas por el tabasqueño. La rampante corrupción del gobierno de Enrique Peña Nieto, la agudización de la violencia en el país que comenzó con los gobiernos panistas y que se ha acrecentado con la restauración del PRI en el poder, el crecimiento de la pobreza de la que dan cuenta las cifras oficiales y la polarización social que deriva de este fenómeno, el elevado endeudamiento de la economía así como el encarecimiento de satisfactores fundamentales para las empresas y las familias como los bienes de la canasta básica y algunos energéticos; son el caldo de cultivo ideal para el discurso lopezobradorista que marca un rompimiento con relación a los gobiernos neoliberales cada que le es posible.

No se asoman nubarrones importantes para el ex jefe de gobierno capitalino: navega de puntero en un mar sereno que, sin embargo, acosa con tormentas de corrupción a su rival Ricardo Anaya, mientras que la nave de José Antonio Meade, no puede deshacerse de la pesada ancla que le impone el desgaste del partido que le postula.

Pese a ello, puede haber algunas debilidades que podrían impactar en la competitividad del morenista, quizá no mermando su diferencial en intención de voto que le arroja una ventaja suficientemente cómoda; pero que sí podría disminuir las posibilidades de arribar al poder con una correlación de fuerzas favorable en el Congreso de la Unión, con la que podría echar andar las reformas ambiciosas que ha planteado en diversos espacios.

El principal partido político que le respalda, MORENA, acusa de las fallas de una naciente institución: no tiene mecanismos claros para procesar las diferencias entre sus militantes que aspiran a candidaturas; en algunos lugares, como Michoacán, han salido a flote diferencias derivadas de la impericia política que acusan algunos de sus dirigentes al momento de procesar la designación de sus abanderados y quizá han quedado a deber operación para poder aglutinar en sus filas a la abundante disidencia que está mermando las bases del PRD.

Aunado a lo anterior, el programa político de MORENA no se ha abierto con suficiencia al debate entre amplios sectores sociales. Si bien representa una oposición clara al modelo con el que se ha gobernado al país en los últimos años, éste podría ganar mayor legitimidad y respaldo social en la medida en la que sea apropiado por miles de ciudadanos que han sido excluidos por el régimen neoliberal, por ello es que resulta imperativo que los partidos políticos que respaldan a López Obrador abran espacios para la discusión del Proyecto Alternativo de Nación y den voz a muchos sectores sociales organizados y a ciudadanos de a pie.

Con todo y pese a ello, si no ocurre ninguna catástrofe, los siguientes 100 días podrían ser el festejo de un triunfo adelantado de las fuerzas progresistas que llegaran al poder el 1 de julio de 2018. Las consecuencias de sus errores, sin embargo, tendrán un impacto cuyo costo se medirá después de esa fecha.

Twitter: @hrangel_v

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