Juego perverso

Por: Vladimir Galeana Solórzano

Sin lugar a dudas Andrés Manuel López Obrador sigue marcando la pauta de las campañas políticas y la agenda temática de sus adversarios. No sé si se hayan dado cuenta de ello, o si los montones de asesores que tienen tanto José Antonio Meade Kuribreña como Ricardo Anaya Cortés hayan consentido en que ambos se sometan al debate que les propone el tabasqueño. Hasta ahora no tan solo dispone, también establece condiciones y orienta a sus adversarios acerca de lo que deben decir y la forma en que lo tienen que decir.

El tan llevado y traído Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México ha sido el tema que mayores rendimientos le ha otorgado al tabasqueño, y seguirá en la misma tónica hasta agotarlo y someter a sus designios a quienes se involucren en las discusiones acerca de su viabilidad operativa o la inutilidad del proyecto por las distintas causas que ha venido señalando de forma simplista, sin mediar opinión u opiniones de los expertos. Es exactamente lo mismo que hizo cuando utilizó la afirmación de que hacer pozos petroleros no tiene ciencia, porque solamente basta con perforar.

Ese simplismo es con el que se queda la gente, porque la mayor parte de los mexicanos no entiende los términos científicos con los que sus adversarios buscan desgastar sus aseveraciones. Pero también hay que señalar que ese estilo de decir las cosas muestra una parte de esa ignorancia que siempre ha mostrado el tabasqueño, pero su astucia está muy por encima de aquellos que lo confrontan y pretenden obtener créditos políticos denostando sus aseveraciones.

Ahora aseguró que si la iniciativa privada lo convence de que la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México es más viable que las dos pistas en la base aérea de Santa Lucía, podría dar marcha atrás en la cancelación de las obras. Por principio de cuentas no puede dar marcha atrás por un simple capricho u ocurrencia ya que existen elementos jurídicos que provocarían enormes daños al patrimonio de los mexicanos.

Aunque francamente no creo que esa circunstancia le importe, porque antepone frente a todos, expertos y no expertos, ese voluntarismo unipersonal del que hace gala cada vez que se queda sin argumentos. Por lo pronto, ya le pasó la estafeta de la demostración de la viabilidad del proyecto al Consejo Coordinador Empresarial, quienes tendrán la tarea, por él asignada desde luego, de convencer a quienes señalan la inviabilidad del proyecto por razones eminentemente políticas y no técnicas o presupuestarias.

“Que ellos nos convenzan o que nosotros les demos a conocer nuestro proyecto que es mejor que lo que están proponiendo”. Así de simple es la sentencia dictada por el hombre que se asume desde ahora como el dueño de la voluntad del país. No sé si de tanto estirar la liga llegue a romperla y los mexicanos opten por una propuesta con menor incertidumbre, pero lo cierto es que hasta ahora todos los actores involucrados en la sucesión presidencial son rehenes del tabasqueño. Si sigue estirando la liga puede provocar una alianza útil, es decir, todos contra su proyecto, y para su desgracia tendrían la mayoría. Así de simple la ecuación. Al tiempo.

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