Oscurantismo demagógico

Por: Vladimir Galeana Solórzano

Si de algo estamos ávidos los mexicanos es de transparencia y rendición de cuentas. El sistema político que heredamos de los regímenes de la Revolución Mexicana ha entrado en crisis a causa de los posicionamientos demagógicos de unos y otros en torno del tema de la corrupción, ese mal endémico que ha sido el mayor cáncer de esta sociedad tan lastimada y precarizada por los constantes yerros de nuestros gobernantes, y la forma tan cínica en que disponen de las rentas públicas.

Desconozco el origen de las recientes decisiones de quien hasta ahora lleva la delantera en la sucesión presidencial, porque pareciera que lo que menos le interesa es el triunfo ya que comete errores que le resultarán de un alto costo el día de las votaciones. Por mucho que lleve ventaja a sus principales oponentes, los siguientes meses podrían convertirse en un infierno de persistir en aceptar entre sus principales colaboradores a esos hombres y mujeres que han mostrado y demostrado una enorme vocación por la corrupción y la comisión de delitos.

Enlistar como presunto candidato al Senado de la República a un ejemplar como Napoleón Gómez Urrutia, quien durante mucho tiempo dispuso del dinero de los miembros del sindicato minero, y que tuvo que exiliarse en Canadá para evadir a la justicia mexicana, habla de una brutal complicidad y poco aprecio por la reflexión colectiva de un pueblo como el nuestro. Ni qué decir de la intención de incluir también a la mujer que organizó una policía comunitaria fuera de la ley, dedicándose a realizar secuestros y a cobrar enormes cantidades de dinero.

El perdón para quienes se acercan y se adhieren a su proyecto es incondicional, lo que habla de la poca valoración que tiene por la decencia de los mexicanos, y una estima muy alta para los que han mostrado y demostrado que poco les importa la mala fama y la vindicta pública siempre y cuando de obtener riquezas se trate. Pareciera que el “prócer tabasqueño” trae extraviado el sentido de la honestidad, aunque en el pasado haya sido utilizada como un lema de campaña.

Aquella “honestidad valiente” se ha convertido solamente en un recuerdo, porque ahora está por encima la necesidad de acaparar adeptos aunque tengan bienes de dudoso origen. Andrés Manuel es el líder que todo lo perdona y que todo lo limpia con su sola voluntad y determinación. Quizás ese alejamiento de la realidad es lo que propicia que piense que los mexicanos somos idiotas o que estamos dispuestos a perdonar cualquiera de sus desplantes.

Insisto, pareciera que no quiere ganar o mide mal el costo de sus decisiones. Ahora ofreció detener las investigaciones y procesos que existen en contra de los dirigentes del Partido del Trabajo por la disposición de más de 100 millones de pesos para proyectos educativos. De ganar Morena, el señor López Obrador ofreció que la PGR detendría los casos abiertos por presunta corrupción. Decisión que lo pinta tal cual es. Alguna vez hubo quien señalara: “a los amigos justicia y gracia, a los enemigos justicia a secas”, y también lo pagó caro. Al tiempo.

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