EN REDONDO: No hay partidos corruptos, sino políticos

Por: Mario Ruiz Redondo

José Antonio Meade Kuribreña, reconoció este lunes 9 de abril, lo que en reiteradas ocasiones hemos afirmado en este espacio, en cuanto que ni el PRI, como tampoco los demás Partidos políticos son corruptos, sino quienes se han enriquecido y lo siguen haciendo de manera ilícita, escudados en su nombre.

Reunión del candidato Presidencial del tricolor, con los socios de la American Chamber of Commerce of Mexico (Cámara Americana de Comercio de México), quienes le cuestionaron, el “¿por qué aceptar ser representante de un partido corrupto?

Una pregunta, que seguramente Meade Kuribreña nunca pensó que le harían los integrantes de esta influyente institución de hombres de negocios, fundada en 1917, como una organización independiente y apartidista, interlocutores y líderes de la comunidad empresarial de México y Estados Unidos, a los que respondió:

“No hay partidos corruptos, sino políticos corruptos. México necesita que se haga buena política y México necesita que los malos políticos, del partido que fuera, estén enfrentando sus consecuencias y que estén en la cárcel. Eso es lo que hemos planteado y lo hemos planteado además desde la tranquilidad de haber servido por años sin haber, en toda mi trayectoria, estado involucrado en ningún escándalo”.

Con absoluta certeza afirmaría, para establecer la diferencia con los demás aspirantes al Poder Ejecutivo Federal en los comicios del 1 de 2018 y coincidencia con la imagen real del PRI:

“Yo soy un político honesto y en mi trayectoria he conocido muchos. Con ellos he hecho equipo, con ellos haré equipo hacia adelante y voy a insistir en toda esta campaña, en que vale la pena reivindicar al servicio público”.

Tampoco dudaría en manifestar su convicción de que México necesita que se haga buena política y que los malos políticos, de los partidos que fuera, estén enfrentando sus consecuencias y se mantengan en la cárcel. A México no le sirven etiquetas, en términos de partidos buenos o malos, sino el deslinde de responsabilidades de políticos honestos y los que no lo son.

El abanderado de la causa priísta ha dicho una gran verdad en torno a los Partidos y sus políticos, que con sus conductas delictivas han arrastrado negativamente consigo a estas instituciones que como tales son respetables, deformando sus imágenes ante la sociedad nacional.

Aquí, desde la Frontera Sur de México, hemos analizado la nueva forma de hacer política del Presidente Enrique Peña Nieto, al utilizar las siglas y colores del Partido Revolucionario Institucional, para impulsar la postulación de José Antonio Meade Kuribreña, en su calidad de candidato ciudadano invitado no militante.

Pero ya encumbrado en la candidatura, para deslindarse del dirigido y manipulado desprestigio mediático del tricolor, el ex secretario de Hacienda federal ha tomado la decisión de no utilizar el logo del instituto político que llevó al poder principal del país, a Enrique Peña Nieto y a muchos otros más, en un acumulado de 77 años.

Hoy, obligado por las circunstancias, niega que el PRI sea un Partido corrupto y que él, para estar a nivel, se define como un político honesto.

Y entonces, surge ahora con mayor sustento el cuestionamiento, en el sentido de que si tanto la institución como el candidato no son corruptos, ¿porqué en plena campaña rumbo a la elección Presidencial del primer domingo de julio próximo, no se ha afiliado para convertirse en un militante y dejar atrás el temor de que el supuesto desprestigio partidista, limite sus posibilidades de triunfar en la contienda?

Hemos dicho recientemente y lo reiteramos, que si José Antonio Meade Kuribreña tomara esa decisión con carácter de urgente, sumaría no únicamente a todo el priísmo nacional, sino aquellos indecisos que desconfían de alguien que con su actitud no se ampara en el Partido que representa.

Quedan menos de tres meses de campaña proselitista y es el momento de entender, que si así lo hiciera, daría un gran salto en el ánimo ciudadano y revertiría las encuestas mediáticas que favorecen a Andrés Manuel López Obrador, con su cauda de ideas populistas, muchas de ellas fuera de la realidad.

Con ello, demostraría que hubo razón en su designación, derivada de aquél bien orquestado plan surgido desde Los Pinos, a partir de las reformas a los estatutos del tricolor, aprobadas en el apartado estado de Campeche, en el Sureste mexicano, en agosto de 2017, que echaron abajo los candados que impedían que políticos ajenos al priísmo, fuesen candidatos Presidenciales, si no cumplían de manera estricta con los requisitos de la militancia mínima de 10 años, y de haber ocupado un cargo de representación popular.

Hora de que sea congruente, después de su afirmación ante los miembros de la Cámara Americana de Comercio de México, reunidos en su 101 Asamblea, y entender que el retorno del PRI a la Presidencia de México, obedeció fundamentalmente a la participación de la militancia leal de siempre, como también por el convencimiento del electorado nacional, de que la mejor opción en 2012, fue la ofrecida por el Revolucionario Institucional y su candidato.

La falta de oficio tanto del cinco veces secretario de Estado en gobiernos priístas y panistas, como de sus estrategas de campaña, lo mantienen en un esquema no acorde a la realidad y mentalidad del priísmo nacional, por lo que siguen incurriendo en errores, como el de no tomar en cuenta las opiniones y participación de quienes conforman las sólidas estructuras del tricolor, en el territorio nacional.

Pareciera que los hombres y mujeres de apoyo directo del candidato Meade Kuribreña, no ven más allá de la ciudad de México, olvidando que cada una de las entidades de la República tiene el común denominador de las siglas y los colores, pero no las mismas formas de pensar y desarrollar su quehacer electoral.

Vienen a mi mente aquellos días de 1983, en que tuve el gusto de conversar, como su asesor de imagen, allá en Villahermosa, Tabasco, con el entonces gobernador Enrique González Pedrero, considerado históricamente en su momento como uno de los grandes ideólogos del PRI, cuando me aseguraba que el mayor error que las dirigencias nacionales del tricolor, había sido y seguía siendo entonces, el catalogar de la misma manera a los priístas del país.

Mire Mario, me explicaba el ex director y maestro de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de México: Los priístas de tabasco somos diferentes a los de Chiapas o de Campeche, y vaya que somos vecinos. Ahora, imagínese si nos comparamos con los de Nuevo León o Tamaulipas.

En 1986, tendría la oportunidad de asesorar a Fernando Baeza Meléndez, gobernador electo priísta de Chihuahua, y constatar personalmente aquellas grandes diferencias que había comentado Don Enrique, en aquellos desayunos de fin de semana en la Quinta Grijalva.

Visiones distintas pero coincidentes en el apego al logo y a los principios del Partido que dominaba el poder en México, acuñando aquella frase del “carro completo”.

Experiencias y conocimientos que en mucho ignora el equipo de aprendices de priístas que rodean a José Antonio Meade Kuribreña, que en su discurso sigue falto de la contundencia obligada para convencer al electorado, en el corto tiempo de la contienda, la más corta en la historia política de una elección Presidencial.

Una situación que se repite en Chiapas, por la sobradas poses de triunfalismo en los colaboradores cercanos del candidato tricolor Roberto Albores Gleason, que más que sumar a la militancia, la mantiene dividida y marginada de las obligadas tareas de proselitismo que se observa precario en las distintas Regiones de la entidad, la cual es aprovechada por personajes del Partido Verde Ecologista de México, ahora en la nueva modalidad de convertirse en contrarios del PRI y su abanderado, al alinearse al partido de Andrés Manuel López Obrador.

Excesiva confianza de Meade Kuribreña y de Albores Gleason, en que en este 2018, se repetirá la historia del 2012, en que como ahora, aliado con el PVEM, obtendrá más de un millón de votos que beneficiaría a ambos aspirantes a la Presidencia y Gubernatura, respectivamente, como ocurrió con Enrique Peña Nieto y Manuel Velasco Coello.

Su falta de sensibilidad, pero sobre todo el desconocimiento de la actual realidad política de Chiapas, que en los últimos se ha visto enturbiada por intereses individualistas, no les ha permitido valorar aún, los efectos que tendrá la actual desbandada de esa minoría verde de diputados con licencia para buscar una alcaldía y de ediles que lo mismo buscan una curul local o federal, pero no por el “tucán”, sino por el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), del ex presidente del PRI tabasqueño.

Más delicado aún, que en lo local el mismo Roberto Albores Gleason, el ungido de la Coalición PRI-PVEM y Nueva Alianza, atienda con prontitud esta situación bien orquestada por sus enemigos, además de que sus mensajes no impacten lo suficiente en el ánimo de los priístas, al mantenerse rodeado, igual que Meade, de gente inexperta en materia del quehacer electoral y de imagen

Contrasta con el dinamismo que mantiene el abanderado de Morena, el ex diputado federal, ex senador y ex presidente del Tribunal Superior de Justicia, Rutilio Escandón Cadenas, que lo mismo visita las Regiones del Norte, que del Centro o la Costa, para sumar adeptos a su causa.

Mientras, el más experimentado de todos, José Antonio Aguilar Bodegas, candidato de los Partidos Acción Nacional, de la Revolución Democrática y Movimiento Ciudadano, se mantiene cauto, pero seguro de que también puede dar la gran batalla en esta recta final por la posesión de El Mirador y la silla principal de Palacio de gobierno estatal.

Pero lo que es toda una realidad inobjetable, es que la inexperiencia de José Antonio Meade Kuribreña y Roberto Albores Gleason,

puede provocar que desperdicien la oportunidad de capitalizar, el hecho de que el PRI sea el único de todos los partidos que cuenta con la mejor y más completa estructura electoral distrital.

Ninguna de las demás instituciones políticas participantes, tiene esa gran capacidad de organización. De ahí la preocupación del mismo Andrés Manuel López Obrador, de que al no poder cumplir con este requisito de representatividad en todas las casillas, en el territorio nacional, haya empezado a pronosticar un “fraude electoral” en su contra, en los comicios del 1 de julio, a pesar del liderazgo que mantiene según las encuestas mediáticas.

José Antonio Meade Kuribreña y Roberto Albores Gleason, están a tiempo de reconsiderar la desatención de los militantes priístas, que están ansiosos de al ser tomados en cuenta con respeto, para convertirse inmediatamente en garantía del triunfo, que permitirá que el PRI se mantenga en el poder, por voluntad popular.

Cierto, la honestidad, es hoy un valor que adquiere mayor interés de la ciudadanía en un candidato, pero la identidad y la militancia son y seguirán siendo factores claves para el éxito en el quehacer político mexicano del siglo XXI.

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