Cuba: Reanimando la esperanza.

Hugo Rangel Vargas
Hace algunos días se pudo leer en los encabezados de algunos medios de comunicación la idea que los Castro dejaban el poder en Cuba. Para algunos, esto podría significar la posibilidad de lo que en la retorica hegemónica se ha denominado como “la apertura” del régimen; lo cual significa para quienes así lo pregonan, la simple claudicación de la revolución cubana.
Pero esto no será así. El nuevo mandatario cubano, Miguel Diaz-Canel ha dejado en claro que la restauración del capitalismo en la isla no es una alternativa para el pueblo cubano. En su discurso de asunción al frente de los destinos de la isla, también ha hecho una defensa importante del legado de la generación fundadora de la revolución, y ha señalado que no están solos en la defensa de la soberanía de Cuba, que en esa lucha le acompañan incluso muchos muertos, entre ellos Martí.
Diaz-Canel es un hombre de la revolución, formado en su trayectoria desde temprana edad en la Unión de Jóvenes Comunistas, desde 1993 militó en el Partido Comunista y ha sido Secretario de Educación en el gobierno de su predecesor, Raúl Castro; además de que ha fungido como primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de ministros.
La resistencia del pueblo de aquella isla caribeña tiene un nuevo líder al frente, y con ella también la dignidad de los pueblos de toda América Latina enciende una nueva luz de esperanza para el porvenir de los más humildes de este hemisferio.
Cuba se ha impuesto con pundonor y orgullo a todas las intentonas de agresión y de imposición externas y esto no es gratuito. Los logros y las conquistas de la revolución saltan a la vista de todos quienes echan una mirada a las cifras en materia de educación, alimentación, vivienda y salud de la población en aquel país.
El sistema de salud de aquel país ha sido reconocido por la UNICEF como uno de los 15 del mundo que favorecen el desarrollo del cerebro desde la edad temprana entre sus habitantes. La tasa de mortalidad infantil sigue en descenso y en 2017 alcanzaron la cifra histórica de 4 muertos por cada mil nacidos, cifra inferior a la de los Estados Unidos. La esperanza de vida al nacer, equivalente a 78.45 años, se ubica dentro de las 25 más altas del mundo.
En materia educativa, la misma UNICEF ha señalado que entre 2008 y 2012 la tasa de alfabetización entre adultos fue del 99.8 por ciento. En la isla, toda la población tiene acceso a estudios universitarios. En 2012 en Cuba había una población de 11 millones de habitantes, de los cuales 712 mil eran graduados universitarios, de los cuales las mujeres constituyen la mayoría con un 52.05%.
Pero el mayor logro revolucionario no se mide en cifras, está dentro del corazón de cada niño y joven cubano que lloró en la plaza de la revolución con la muerte de Fidel, en cada brazo partido de los miles de trabajadores de toda la isla que están dispuestos a seguir defendiendo sus logros frente a un imperio que se relame los bigotes y que hoy tiene la rabia de Trump en sus fauces. El orgullo revolucionario recorre las calles de La Habana y en las plazas en plena reconstrucción física después de los huracanes del año pasado; está en el pecho del aquel guardia que conocí en las afueras de la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña y que orgulloso decía que “Fidel jamás aceptaría un homenaje, porque ese se lo hacia cada cubano en el corazón”.
Los vientos nuevos que soplan en la más grande de las islas del Caribe vuelven a inflamar la posibilidad de un futuro distinto, de que la dignidad siempre se impondrá a los granujas del poder que pretenden dictar su fin a la historia, como lo diría Mario Benedetti.

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