CABEZA DE PLAYA: Con la Iglesia hemos topado, Sancho…

Carlos Galguera Roiz

 

La aparición en el foro público de la Iglesia Católica, con su jefe terrenal al frente, sugiriendo ciertas líneas de actuación respecto al comportamiento ecológico de los humanos, me ha animado a buscar el trasfondo de la polémica.

Aquí va un breve alegato resultante. Yo creo que el eje central de este debate, reside en la contraposición, cara a cara, directamente, del viejo enfrentamiento Ciencia versus Religión.

El comportamiento ecológico de los humanos, puede estar en contraposición con la “doctrina” católica al respecto, lo cual significa que puede haber casos de interferencia en temas que están fuera de sus estrictas competencias, con resultado, a mi juicio, perverso; así que trataré de razonar tamaña acusación, dentro de los límites de mis propios dibujos…

La Ciencia es una disciplina que siempre me ha fascinado; aunque llegué demasiado pronto a la Universidad, para captar las fantásticas teorías nacientes, he tratado de escalar por mi cuenta estos terrenos, tarea siempre complicada, compensaciones gratificantes, esporádicas, como intuiciones, al estilo del científico jesuita Teilhard de Chardin, una referencia, para mí, imprescindible…

La Religión tiene un ámbito peculiar,  bastante gaseoso, se sustenta en la Fe, pilar poderoso, real pero un tanto alejado de la Ciencia. Se basa en captar y traducir, los signos que, presuntamente, nos lanza desde su ignoto territorio el SER SUPERIOR, fuera de todas las clasificaciones y comprensión posibles…; lo hace, diversas versiones, a través de signos, libros, profetas, cuerpos doctrinales, en general crípticos, interpretables, bastantes representantes y también, porque no decirlo, “representantes”…

Ante este panorama, que plantea situaciones existenciales esenciales, de dimensiones inabordables, Mariano José de Larra, poco antes de suicidarse, clamaba “El hombre necesita creer y cree en mentiras si no encuentra verdades en su torturante, eterna búsqueda…”

La actividad humana en su relación con el entorno natural de su hábitat, es decir los asuntos ecológicos, conllevan, inevitablemente, fuertes y muy variados componentes científicos, amplio espectro, aspectos sociales, evolutivos, económicos, morales…

Estamos hablando de ecuaciones con miles, millones de variables; dar pistas, como parece se aprestan autoridades de la cúpula católica en estos temas del Ecologismo, dictando o sugiriendo normas y conductas, me parece como mínimo, un tanto osado; ellos no son expertos, pero al hacer estas recomendaciones ponen en juego su autoridad moral…, es decir nos hacen trampas.

Por contra las autoridades civiles si pueden, y deben, tienen presupuesto para ello, establecer medidas para evitar deterioros, ayudar a seguir navegando, sin asignar a estas medidas valores absolutos, porque le Ciencia nos dice que no los tienen…

Hay mucha tela que cortar en estas cuestiones; yo sugeriría a las cabezas visibles del aparato católico, por extensión a todos los aparatos religiosos, que acercasen sus focos hacia millones y millones de peregrinos que deambulan por esos mundos de Dios, lanzándoles mensajes de solidaridad, amor, esperanza… y que se alejen de interpretar la realidad con pistas más o menos, más bien menos, científicas…

Lo demás – grito que lanzo desde mi agnosticismo profundamente creyente, doloroso, rebelde… si fueran compatibles estas flechas – se dará por añadidura, cita con mil traducciones pero a la que doy un sentido que, para mí, suena repleto de plenitud…

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