¿Qué hacer con las mujeres desaparecidas?

Por: Vladimir Galeana Solórzano

Pareciera que muy poco nos importa lo que ocurra con los seres humanos. Y no es que una ciudad de la magnitud de la capital de la República haya renunciado a buscar a esos seres que se denuncian como extraviados, desaparecidos, o simplemente porque se les ocurrió irse a otro lado. Lo que sucede es que ante la magnitud de problemas que enfrenta la cotidianidad en un sitio tan enorme como es la zona urbana de la Ciudad de México, las autoridades o se han vuelto insensibles, o en esa categorización de qué es lo urgente y lo menos importante, el ser humano se ha convertido en una simple cifra.

Cuando una mujer desaparece, la explicación más sencilla es buscar primero al presunto hombre con el que mantenía relaciones, o hurgar en el pasado sentimental para tratar de encontrar una posible causa, o de plano aceptar que desaparece por haberse fugado con la pareja sentimental. Lo peor de todo es que ninguna de esas hipótesis resultan válidas ante los tiempos que estamos viviendo, donde la violencia hacia las mujeres va más allá de una simple hipótesis acerca del apego sentimental.

En muchos de los casos las autoridades prefieren la conjetura fácil antes que entrar a un mundo sórdido en el que la trata de personas tiene visos de esclavitud, y donde suelen ocurrir actos atroces como la desaparición forzada. Por la naturaleza de la denuncia, y por la carencia de especialización en las actuaciones ministeriales, es que no se investiga desde el inicio dicha desaparición, lo que provoca que el delito quede en la impunidad porque en muchas ocasiones interviene la delincuencia organizada.

Los especialistas de la criminología han señalado reiteradamente que cuando las autoridades no reaccionan de inmediato ante la denuncia de una posible desaparición, la búsqueda puede resultar difícil porque quizá desaparezcan evidencias que pudieran encontrarse en los dispositivos móviles, conversaciones en redes sociales, y hasta testimonios que quizás aporten indicios del paradero de la persona. Muchas veces, las primeras horas de la desaparición son la diferencia ente la vida y la muerte.

Recordemos el caso de la jovencita Mara Castilla, en Puebla, que desapareció tras tomar un taxi Cabify, y que por esa carencia de mecanismos de localización inmediata, o la indolencia de las autoridades ministeriales, después de transcurridos ocho días se determinaron las causas de su desaparición, y después se dio con el paradero de sus restos. Esos son los hechos que tienen que hacer reflexionar tanto a las autoridades como a la sociedad, aunque pareciera que poco sirven porque se olvidan con mucha facilidad.

Hasta ahora las entidades federativas con mayor indolencia son Chihuahua con 287 mujeres desaparecidas, la Ciudad de México con 226, y Baja California con 115. La indiferencia de las autoridades ha sido brutal, y pareciera que de poco ha servido adecuar la legislación para tipificar el feminicidio porque ese no es el problema, sino la ineficiencia de nuestras autoridades ministeriales y las instancias gubernamentales, que cada día que pasa se alejan más de los requerimientos de la sociedad a la que siempre dicen servir. Pobre México. Al tiempo.

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