Nuestros anónimos desaparecidos

Por: Vladimir Galeana Solórzano

En este país todos tenemos la posibilidad de morir sin que nadie de nuestros familiares se entere. Y no es que las ganas de morirse se junten con la posibilidad de no ser reconocido, simplemente es que hasta ahora nuestras autoridades de los tres órdenes de gobierno se acostumbraron a coleccionar muertos por todo el territorio patrio, sin saber qué hacer más que colocarles un número, y que sean los familiares quienes se preocupen por la denuncia, y lo peor, por la posibilidad de identificar a sus desaparecidos.

Bien dicen por ahí que al cabo de unas horas todos los muertos se parecen porque pierden la pigmentación de la piel, y cuantas más horas pasen el rigor mortis se apodera del cadáver, originado por un cambio químico en los músculos que causa un estado de rigidez e inflexibilidad en las extremidades, además de una dificultad para mover o manipular los restos. El rigor se presenta dentro de las cuatro horas siguientes a la muerte clínica, y después de las doce horas, los restos presentan el efecto completo.

Y esa es la principal causa por la que los servicios periciales no pueden precisar con seguridad la identidad de quienes tuvieron por destino un final violento, o simplemente porque murieron en el lugar menos indicado y poco se preocupan los funcionarios públicos por saber la identidad o la procedencia de quienes engrosan las las de las morgues existente en el país. Claro está que otra condición presentan aquellos que tuvieron la mala fortuna de pertenecer a las innumerables fosas clandestinas regadas por todo el territorio patrio.

Aunque usted no lo crea, en este país existen más de 37 mil 500 desaparecidos, y lo peor, es que menos del uno por ciento coincide con los restos humanos localizados en los laboratorios forenses de los estados. Al menos esto fue lo que dio a conocer el titular de Gobernación, Alfonso Navarrete Prida, quien además explicó que la Comisión Nacional de Búsqueda cruzo los registros de huellas dactilares de bases de datos del Instituto Nacional Electoral, y de servicios periciales.

Aunque usted no lo crea, solamente se obtuvieron 4 mil 500 coincidencias entre cadáveres e identificaciones oficiales, y de ellas se tiene plena certeza en 340 casos, es decir, menos del uno por ciento.

Y por si eso fuera poco, también dijo que la realidad es que puede ser mucho más grande el número de personas desaparecidas. Para ser más precisos, la presunción de muerte no opera simplemente con la petición del familiar, son muchos los requisitos y desde luego los trámites, por lo que nunca ha sido una opción legal acorde a los tiempos que vivimos, pero aún no existe de por medio una nueva legislación ni las ganas de hacerla.

Nadie sabe cuándo le va a tocar enfrentar la muerte, pero cuídese muy bien de traer las identificaciones oficiales todo el tiempo para ahorrarle molestias y zozobra a su familia. Recuerde que estamos en México, y que las autoridades de este país, y de todos los partidos políticos, siempre se escudan en la incompetencia para no dar resultados. Todos moriremos algún día, es un destino inevitable, pero ocúpese de que sus familiares sepan dónde anda y en que anda, para evitarles la pena de no encontrar sus restos.

Al tiempo.

vladimir.galeana@gmail.com

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