TEXTOS EN LIBERTAD: Un siglo sin Zapata (I de II)

José Antonio Aspiros Villagómez

 

Un puñado de morelenses destacados llenaron con su nombre y el de su movimiento las páginas de la historia de Morelos, y todo un capítulo de la del México, durante la segunda década del siglo XX. La bandera de su caudillo, “Tierra y libertad”, fue la síntesis de siglos de reclamos campesinos y la culminación de todos los intentos previos porque se respetaran sus derechos agrarios y humanos.

Emiliano Zapata Salazar (n. 8 de agosto de 1879) fue una suerte de charro justiciero, de carácter resuelto. Tras de haber sido caballerango de Pablo Escandón y Barrón y de Ignacio de la Torre Mier, jefe de Estado Mayor Presidencial y yerno de Porfirio Díaz, respectivamente, regresó a su natal Anenecuilco donde en 1909 fue nombrado presidente de la Junta de Defensa de las Tierras. En ese año Escandón fue el candidato porfirista al gobierno de Morelos, y como Zapata apoyó a su contrincante, Patricio Leyva, su pueblo sufrió un despojo de tierras cuando aquel ganó y asumió el cargo. En mayo de 1910 Emiliano llevó ante el propio presidente de la República la demanda de restitución de los terrenos invadidos.

Zapata simpatizó con el Plan de San Luis, de Francisco I. Madero, porque ofrecía devolver las tierras a sus legítimos propietarios. Dicho Plan fue discutido en noviembre de 1910 en Villa de Ayala, durante una reunión en la que Pablo Torres Burgos recibió la comisión de negociar con Madero -quien tenía su cuartel en Texas- la participación de fuerzas morelenses.

Al regreso de Torres Burgos de San Antonio, donde el llamado Apóstol de la Democracia lo nombró jefe de la revolución en Morelos, el 10 de marzo de 1911 Villa de Ayala se levantó en armas. Entre sus principales estaban Emiliano Zapata y su hermano menor, Eufemio. En Jojutla, Zapata pasó a encabezar aquel ejército tras la renuncia de Torres por no poder evitar el saqueo que cometieron sus tropas allí.

Los morelenses insurgentados (neologismo del siglo XIX utilizado por Felipe Montero en su libro sobre el sitio de Cuautla,Apuntes para la Ystoria) se fueron incorporando progresivamente en diversas poblaciones, mientras que los hacendados armaron a sus trabajadores para defender las cosechas de caña de azúcar y el gobernador Escandón huyó con sus tropas cuando supo que iban a secuestrarlo. Luego se fue más lejos: como enviado especial de Porfirio Díaz a la coronación del rey Jorge IV de Gran Bretaña.

Tras la caída de Díaz el 25 de mayo de 1911, Zapata puso como condición para deponer las armas que fueran repartidas las tierras. Ni el presidente interino Francisco León de la Barra, ni Madero cuando ocupó el cargo, aceptaron hacerlo. León de la Barra declaró “bandido y rebelde” al revolucionario morelense; los generales Aureliano Blanquet y Victoriano Huerta lo persiguieron; Madero le pidió sin éxito que él y sus hombres se rindieran incondicionalmente; luego designó a Felipe Ángeles para combatirlo, pero éste asumió una actitud conciliadora y los zapatistas se replegaron para después reorganizarse como Ejército Libertador del Sur.

El 25 de noviembre de 1911 fue proclamado el Plan de Ayala, redactado por el profesor Otilio Montaño y el general José Trinidad Ruiz con las ideas de Zapata y las firmas de seis generales, 17 coroneles, 34 capitanes y un teniente. Ese Plan, que acusaba a Madero de traidor y lo desconocía como presidente, exigía el cumplimiento del Plan de San Luis, con énfasis en el reclamo de restituir los latifundios a los campesinos.

El 1 de diciembre de 1912 tomó posesión quien sería único gobernador constitucional de Morelos en casi dos décadas, Patricio Leyva, afín a la idea de reponer los ejidos, lo cual no tuvo lugar porque si bien Zapata aceptó discutir el plan al respecto, algunos jefes rebeldes se opusieron, aplicaron impuestos a las haciendas para sufragar los gastos militares y quemaron aquellos ingenios que no quisieron pagar.

Durante la Decena Trágica algunos jefes zapatistas simpatizaron con el cuartelazo de Victoriano Huerta, y los que se mantuvieron leales atacaron un tren que iba a Cuernavaca y casi un centenar de federales murieron. Se estableció la ley marcial y Leyva se retiró del cargo el 8 de abril de 1913. En su lugar hubo dos gobernadores: Benito Tajonar, nombrado por el Congreso local el día 12 siguiente, y Juvencio Robles impuesto por Huerta, el usurpador que prometió a los hacendados restablecer la tranquilidad en Morelos y ordenó a los militares que se llevaran en la leva hasta a niños de 10 años.

El 30 de mayo de 1913 Zapata agregó al Plan de Ayala un texto de repudio a Huerta por “usurpador e indigno” de ejercer la Presidencia. El 7 de junio de 1914, el Congreso de la Unión convirtió al estado de Morelos en territorio federal, y Victoriano Huerta nombró jefe político y militar al general Pedro Ojeda, quien duró menos de dos meses porque las fuerzas zapatistas ocuparon Cuernavaca y pusieron como gobernador a Genovevo de la O. Por esos tiempos se incorporó a las filas del Caudillo del Sur un nativo de Tlaquiltenango de apenas 14 años, llamado Rubén Jaramillo.

*Adaptado del texto original del autor para el libro Todo Morelos, Editorial Adriar, Cuernavaca, Morelos, 2002

 

 

Textos en libertad

Un siglo sin Zapata (II y último)

José Antonio Aspiros Villagómez

 

El zapatismo se extendió a los estados de Puebla, Guerrero, Tlaxcala y México, y luego llegó a Xochimilco, Milpa Alta y Cuajimalpa, en el Distrito Federal. Tras la caída de Victoriano Huerta, una delegación zapatista asistió a la Soberana Convención Revolucionaria, en Aguascalientes, donde Carranza, ya en el poder, pidió que se le quitara el mando tanto al Caudillo del Sur, como al jefe de la División del Norte, el ‘Centauro’ Pancho Villa. No lo consiguió.

Tampoco los presidentes convencionistas Eulalio Gutiérrez y Roque González Garza lograron deshacerse de Zapata, pero la Convención adoptó las propuestas agrarias del Plan de Ayala y dos zapatistas fueron miembros de los gabinetes de esos mandatarios: Manuel Palafox en Agricultura y Colonización, y Otilio Montaño en Instrucción Pública. Desde ese cargo, Palafox ayudó a reconstruir la agroindustria morelense.

Genovevo de la O duró como gobernador de Morelos hasta mayo de 1915. Le sucedió el también general zapatista Lorenzo Vázquez, que debió ceder la plaza cuando, en mayo de 1916, los carrancistas tomaron Cuernavaca dirigidos por el general Pablo González.

Con ayuda de la aviación, este militar ocupó poblaciones importantes, provocó la huida de los habitantes a los bosques, dio muerte a prisioneros, envió a otros a la ciudad de México, ejecutó a curas amigos de Zapata, y al llegar a la capital del estado derogó leyes y ordenanzas que habían promulgado los convencionistas. Luego se ocupó de saquear objetos, cosechas y ganado de los pueblos y haciendas abandonados a causa del conflicto.

En diciembre de ese año, y después de numerosas acciones guerrilleras, los revolucionarios recuperaron Morelos y el Caudillo del Sur dispuso acciones para rehabilitar el agro, restablecer escuelas, impartir enseñanza para adultos y reglamentar las funciones administrativas.

Para entonces ya estaba sesionando en Querétaro el Congreso Constituyente convocado por Carranza, y que gracias al diputado Luis T. Navarro, antiguo zapatista, recogió muchos de los ideales del Plan de Ayala y los incorporó al artículo 27 de la nueva Constitución, que fue promulgada el 5 de febrero. El 1 de mayo Carranza asumió la Presidencia y tuvo el aval de los diputados para volver a combatir al zapatismo, que pasaba por desavenencias entre sus jefes militares y causaron la muerte de varios de ellos incluido Eufemio Zapata, quien fue asesinado en Cuautla el 18 de junio por Sidronio Camacho, enojado porque su padre, que estaba alterando precios, había sido reprimido por el hermano de Emiliano.

Carranza envió a Morelos nuevas tropas constitucionalistas que tomaron ocho plazas y Zapata huyó. Se restableció de nueva cuenta la vida de la entidad: el comercio, la producción de las haciendas, las corridas del ferrocarril, el llamado ‘repoblamiento’.

Hecho del control de la situación, el carrancista Pablo González tendió una trampa a Zapata y éste cayó. El revolucionario morelense se creyó la farsa de una supuesta rebelión del coronel Jesús Guajardo, aceptó de éste el obsequio del caballo alazán El as de oros, y acudió el 10 de abril de 1919 a la comida que le ofrecería en la hacienda de Chinameca para luego incorporarse a la causa agrarista.

Cuando Zapata llegó, fue recibido con honores por un clarín y luego por una ráfaga de disparos que le quitaron la vida, lo mismo que a varios miembros de su escolta, mientras otros lograron escapar heridos. González y sus soldados recibieron un premio en efectivo y fueron ascendidos; el cadáver de Zapata fue llevado en una mula y tirado en una calle empedrada de Cuautla. Luego lo inhumaron en el panteón municipal.

Durante los ocho años transcurridos entre la proclama del Plan de Ayala y el asesinato del Caudillo del Sur, los pueblos de Morelos sufrieron también las consecuencias de los combates entre federales y revolucionarios en su territorio: vejaciones, saqueos, incendios, levas y el establecimiento de campos de concentración, que llamaron recolonizaciones, como castigo por su rebeldía. Las haciendas fueron devueltas a los latifundistas.

Mientras tanto, los generales del Ejército del Sur lanzaron un manifiesto donde anunciaban que vengarían la sangre de su jefe y consumarían su obra. Nombraron a Gildardo Magaña como su nuevo comandante, se levantaron otra vez en armas y volaron el tren de Cuernavaca. También dieron su apoyo a la candidatura presidencial de Álvaro Obregón y protegieron a sus seguidores, que tuvieron que esconderse cuando el general sonorense se enemistó con Carranza y se trasladó de la ciudad de México a Morelos. Los zapatistas apoyaron el Plan de Agua Prieta que desconocía a Carranza, y el gobernador de Morelos, Juan María Rodríguez, fue depuesto por haber permanecido fiel al carrancismo.

Con Obregón, el Ejército Libertador del Sur fue incorporado al Ejército Nacional y fueron ascendidos a generales de división Genovevo de la O y Gildardo Magaña. Otro zapatista, José G. Parres, fue nombrado gobernador de Morelos por el presidente interino Adolfo de la Huerta.

Durante la gestión de Parres, la Comisión Nacional Agraria comenzó a validar los repartos de tierras que había hecho Zapata, y se realizaron nuevas dotaciones. Obregón le dio su apoyo para el reparto de 27 latifundios. También condonó impuestos, otorgó pensiones a deudos de militares muertos en campaña y declaró día de luto el 10 de abril, aniversario de la muerte de Emiliano Zapata.

*Adaptado del texto original del autor para el libro Todo Morelos, Editorial Adriar, Cuernavaca, Morelos, 2002

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